La Cultura de la Insuficiencia

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Según la OMS uno de cada siete adolescentes entre los 10 y 19 años padece de un trastorno de salud mental. Podríamos pensar que esto se debe al mencionado “sobrediagnóstico”. A pesar de ello noto tanto en mi generación (“Z”), como en otras generaciones, síntomas similares tales como angustia, agotamiento, vacío, entre otros. En la profundidad de este iceberg, donde estos síntomas son la superficie, existe un contexto sociocultural en el cual vivimos y no hemos prestado suficiente atención. Las ganas de vender lo que sea y pareciera a cualquier costo, viene de la mano con estrategias de marketing basadas en el dolor de las personas, el famoso “insight”, lo cual trae consigo un constante desempoderamiento, como si quisieran “resfregar” en la cara todo lo que nos hace falta no solo material, sino mental, física y espiritualmente. 

Salimos a la calle y vemos carteles, vitrinas, personas, grupos de personas y vemos al menos una cosa que nos está faltando ya sea material o inmaterial. Nos subimos al auto, prendemos la radio y escuchamos la misma narrativa de lo que “nos falta”. Llegamos a la casa y se repite el mensaje, esta vez de forma visual. Se nos hace saber y creer que nos falta algo, que somos insuficientes. Año 2025 y la guinda de la torta: tener un dispositivo móvil conmigo 24/7, que me escucha y me “conoce”. Este teléfono inteligente,de algoritmos cada vez mejores, bombardea con productos, servicios y experiencias que puedo comprar. Además me dice por qué lo necesito y a veces le termino creyendo. ¿Será que es muy complejo vender un producto, servicio o experiencia que sólo agrega valor a la suficiencia que ya existe en mis clientes? Podría ser que las personas que hacen marketing logren vender sin decirles a sus consumidores que los necesitan, que logren innovar en una narrativa psicológica. 

Invito también a los seguidores de cuentas “wellness” y “desarrollo personal” a observar cuáles de estas nos dicen que hay algo por mejorar o a comprar porque se acaba, lo que finalmente nos agobia en vez de ayudar. Nos dicen constantemente que hay una meta que no hemos alcanzado. Usando el pensamiento crítico, propongo ver más allá de una frase, un vídeo y observar dónde nos toca, qué nos duele que nos mueve a gastar. ¿A qué le hacemos caso?, ¿Qué narrativa, literalmente, terminamos comprando?. 

Intento diariamente cambiar la creencia de que nos falta algo. ¿Quién o qué lo inventó?, ¿Por qué le creímos?. Dejo de normalizar la cultura de la insuficiencia, la cual entrega mensajes de miedo, de carencia y sigue perpetuando un diálogo interno autodestructivo. ¿Quién está ganando plata con nuestro dolor, con la sensación de vacío?.

Creo firmemente que podemos avanzar y mejorar  reconociendo nuestras habilidades, nuestros logros y usarlos de motivación. El recordarlos genera confianza en uno mismo, en nosotros como grupo y como sociedad. Reconocer lo ya logrado, mirar lo suficientes que somos, hasta donde hemos llegado y tomar perspectiva. Mirar lo que sí tenemos, lo que sí hay, y desde esa completitud crear, lograr metas, mejorar.