Existe una similitud entre crear un vínculo genuino conmigo y la construcción de un edificio. Ambos requieren cimientos profundos, estables y firmes. Ambos necesitan trabajo continuo y mantenimiento. Ambos son construidos pensando en el largo plazo. Ambos requieren excavación profunda para crear la fundación y poner pilares. Ambos requieren remover tierra y material que ya no sirve, para hacer espacio y crear un orden.
Excavar profundo
Haberme hecho preguntas complejas e incómodas me ha permitido tener más claridad para envisionar lo que quiero de corazón. Un poco más libre de influencias de los que me rodean, de lo que me dijeron que tenía que querer o del camino más tradicional. Esto nunca ha sido 100% perfecto, me reconozco como un ser social, por lo cual en algún punto soy y seré influenciada por mi entorno. Intento quedarme conmigo, notar qué cosas se alinean y me son más genuinas. Practicar mi capacidad de reflexión, pensar de forma crítica y cuestionar. Reconozco que a veces tengo parálisis por análisis, ahí es cuando vuelvo a conectar con el cuerpo y pongo en práctica lo aprendido en mi formación como mindful coach. Todo este viaje de preguntas “pays off” como dicen en inglés, ha valido la pena ya que tengo una vida mucho más mía, donde poco a poco siento más seguridad siendo yo misma, diciendo lo que pienso y haciendo lo que quiero de corazón. Lo cómodo, incómodo, alegre, triste lo he elegido yo. Me hago responsable tanto de lo que me ha gustado como de lo que no. Por un lado ha sido desafiante y por otro muy gratificante sobre todo notando los “resultados” que muchas veces son sutiles. Llevo años construyendo “ladrillo a ladrillo” una relación sana conmigo, cuidando mi salud mental, observando mis pensamientos y no creyendo todo lo que mi mente me dice. Poder sostenerme en la incomodidad me hace darme cuenta del camino recorrido, en el cual muchas veces he necesitado pedir ayuda a través de diferentes prácticas y terapias.
Hacer espacio
Sacar lo que ya no sirve. Creencias, hábitos, ambientes, vínculos. Asocio esto a la simplicidad, menos es más y priorizar calidad sobre cantidad. Me abrumaba con los to do list, rutinas “perfectas”, lo que una parte del mundo del “wellness” me decía que tenía que hacer. Ha sido clave para mi personalizar mi rutina y prácticas. Hacer lo que a mi me hace sentido en este momento. Ser flexible en los cambios diarios y a largo plazo e ir chequeando, trayendo atención y observación, según mi brújula se vaya moviendo y hacia qué direcciones apunta. Darle intención, ser mindful y traer presencia, me ha permitido poder ir eligiendo de forma más alineada. No siempre tengo claro específicamente hacia dónde ir, pero sí encuentro pistas al chequear cómo me voy sintiendo. La incomodidad me muestra crecimiento y expansión, al llevar a cabo acciones necesarias para construir el camino a pesar del miedo y las resistencias. Avanzo porque soy responsable conmigo. Intento disfrutar y estar presente a cada paso en y con la incomodidad.
Crear ciminetos
Establecer una visión, un plan, crear un proyecto. Hay intencionalidad, dirección, con lo cual puedo definir acciones necesarias para ir avanzando. Ir iterando, experimentando y adaptando a las circunstancias. Pivotear, donde la flexibilidad es clave, ir moldeando el plan según voy avanzando. Observando con mi brújula interna qué y cómo lo voy sintiendo, sin ser indulgente conmigo. “Fran se que te incomoda, que sientes miedo y crees que no puedes, pero intentemos el paso 1 y veamos que pasa”. Así es más o menos como me hablo. Cuando digo paso 1, es por ejemplo ponerme la ropa de deporte, sentarme frente al computador, enviar un mensaje. El primer paso para la acción que tengo que tomar. Luego de dar ese primer paso, el que generalmente me cuesta más y donde observo hay más resistencia, una vez cruzado el umbral se hace más llevadero. Agarro más vuelo, se genera momentum, inercia. Por último, la frase “veamos que pasa” es la curiosidad, es dejar espacio para el factor sorpresa, es actuar con apertura a lo que puede ocurrir.

Deja un comentario